Transitando por paternidades positivas, igualdades y la vida cotidiana

Artículo escrito para la revista de AHIGE que este mes han dedicado a las paternidades. ¡Gracias!

“Soy proveedor de cuidados y amor a jornada completa. Un hombre en construcción”

Escrito por Ritxar Bacete González
Transitando por paternidades positivas, igualdades y la vida cotidiana. Dos nuevos planetas para el universo: Naia (2011) y Alain (2014) Lo de ser padre siempre lo tuve claro, aunque me pasé tantos años tratando de cambiar el mundo que casi se me pasa…¡Y menos mal!, porque la paternidad ha sido el cambio más profundo, el que antes buscaba  para el mundo, y que sin darme cuenta se ha producido en mi.

Uno de los regalos de la paternidad es que ahora las preguntas y respuestas han cambiado. Veréis:

– Y tú, ¿Qué eres? ¿A qué te dedicas?-.

– ¿Yo?- Soy proveedor de cuidados y amor a jornada completa. Un hombre en construcción. Cocinero, compañero de juegos, enfermero, educador, pareja, limpiador, dibujante idealizado, cuenta cuentos, acompañante, muro de contención, caballito, asesor en columpios y parques, instructor improvisado en filosofía aplicada, ciclotaxista, especialista en prevención de accidentes, proveedor de recursos materiales, abrazador, árbol, agua y tierra, cosquilleador, policía blando, nutricionista, vigilante nocturno, Olentzero… Soy padre.

Hace solamente unos años, las respuestas habrían sido otras: -soy antropólogo, Coach, trabajador social, activista, político-… Pero el núcleo duro de mi identidad ha variado radicalmente. El eje gravitatorio de mi existencia se ha hecho más complejo y ha pasado de estar situado en la vibración hedonista de mi ombligo, para integrarse en un ecosistema mucho más complejo, que requiere de un aporte constante (casi ilimitado) de presencia y energía. La irrupción de los planetas Naia y Alain en mi universo, lo han transformado para siempre. Y lo han hecho para bien.

Bailando con contradicciones

A veces, ser un hombre feminista, especialista en género ( por vocación, profesión y diploma) y llevar trabajando muchos años desarrollando políticas públicas de igualdad, te convierten en un ser paradójico.  Soy padre de una niña y un niño, que lo son tanto de un punto de vista biológico como histórico y social. El objetivo fundamental que me planteo con ellos es (y en esto tampoco soy muy original) que sean felices, libres y vivan una vida que decidan que merece la pena, en un proceso de aprendizaje apasionado, conmovido y constante.

Con la práctica he conseguido afilar de forma superlativa la mirada crítica, y por el uso continuado, ya no puedo desprenderme de las gafas de género. Estoy en estado de alerta constante con los roles y estereotipos de género tradicionales que nos acechan y que aparecen reflejados por todas partes: en los cuentos, las películas, los comentarios de las abuelas, abuelos y demás comandos “para maternales”, en los mensajes que les llegan en el colegio… La alarma antisexismo se activa cada día decenas de veces, con especial fuerza cuando alguien recuerda a Naia lo “guapa que está la princesa” o duda sobre el sexo de Alain por haber heredado una camiseta de su hermana subida de color: “perdona, pensaba que era una niña, como es tan guapo”. Te das cuenta que el sexismo se ha transformado, pero que sigue presente con imperativa vitalidad y que sin duda va a condicionar las vidas de Naia y Alain, por lo que probablemente no sean tan libres de elegir sobre sus propias vidas como al principio soñamos.

Antes de ser padre, cuando fantaseaba con la idea de educar a mis criaturas en libertad e igualdad, me sentía, con la fuerza que dan las ideologías y el aderezo de las convicciones, como un titán igualitario subido a una montaña dispuesto a dar batalla, esperando la llegada del sexismo junto a una pancarta que decía “no pasarán”. Hasta que  llegó pero no como un el tsunami imparable que esperaba el guerrero igualitario, sino como un goteo constante y contradictorio del que yo mismo formo parte. Ahora, que soy responsable de acompañar a mis criaturas por el tránsito por la vida cotidiana, esa imagen del padre igualitario épico me resulta lejana e incluso estrafalaria. He llegado a la conclusión de que el dogma es enemigo de la buena vida y que no estoy dispuesto a convertir la de Naia y Alain en un espacio de lucha constante, prefiero, al estilo Emma Goldman, que bailen, y aprendan a moverse con el más creativo de los ritmos entre contradicciones y paradojas que sin duda les va a plantear la vida.

Para comprender mejor a alguien, camina con sus zapatos

Para mí, la experiencia de la paternidad está siendo un espacio de aprendizaje de primer orden, constante, muy personal pero también profundamente  político.

Hay ocasiones en las que conceptos como el empoderamiento de las mujeres o los roles que desempeñamos pueden resultar fríos. Pero la temperatura se dispara cuando empezamos a jugar con ellos. Las paternidades positivas suponen cambios importantes en los hombres que las practicamos (o lo intentamos) así como en nuestros entornos, pero una de las consecuencias más evidentes de la puesta en práctica de roles para los cuidados es el desempoderamiento de quienes las desempeñan.

No voy a contar nada nuevo, que no sepan y hayan experimentado en sus propias vidas tantas y tantas mujeres: una mayor implicación en los trabajos que conllevan la crianza y los cuidados, suponen necesariamente la salida de la persona que los ejerce (independientemente de su sexo) de los espacios públicos y/o de poder. Disminuye el tiempo  disponible, la movilidad, el acceso a las personas, la visibilidad, el acceso a nuevos espacios, los encuentros informales con informantes clave, las posibilidades de formación o la disponibilidad para el desempeño de trabajos que no permitan conciliar. Mientras que por otro lado, para quien cuida, se multiplica la jornada, aumenta el cansancio y la vida personal se diluye hasta rozar la extinción. Es entonces cuando te das cuenta y valoras de forma especial los trabajos que han venido desempeñando mayoritariamente las mujeres: proveer recursos y cuidados al mismo tiempo es una tarea tan compleja como contradictoria y en demasiadas ocasiones utilizan un software incompatible. Por tanto, la práctica de la igualdad y el ejercicio de los cuidados en las vidas de los hombres son perjudiciales para ejercicio del poder, y puede provocar esquizofrenia identitaria e incluso trastornos desempoderantes.

Neuronas a mi favor

Pero tenemos buenas noticias. Quién me iba a decir a mí, que después de tanto recelo y dudas, la neurobiología estaría de nuestra parte. Cada vez son más los estudios científicos que avalan la idea de que nuestro sistema nervioso central se adapta con mayor eficacia a los cambios y aprende mejor cuando hay amor, y lo hay en mayor medida cuando se establecen relaciones de apego seguro. Los nuevos mapas somatosensoriales que se crean desde el amor son capaces de construir trayectos y ciudades internas en las que caben identidades nuevas, emociones diversas o roles más justos. Con el amor la química cerebral se ha mostrado ser más eficaz y los impulsos eléctricos fluyen mejor, en un hermoso baile sináptico entre la artesanía y la mecánica neuronal.

Las paternidades positivas son precisamente uno de los espacios que más y mejores nutrientes aportan desde el amor a unas relaciones de cuidado transformadoras, por lo que las paternidades suponen una oportunidad biológica inmejorable para consolidar cambios socioculturales en los hombres, y de paso, empoderar a nuestras criaturas en identidades más libres, seguras y felices.

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Autor: Ritxar Bacete González (1973). Coach, Formador, Antropólogo, Trabajador Social, especialista en género y masculinidades, investigador, promotor de procesos de gamificación.

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5 respuestas a Transitando por paternidades positivas, igualdades y la vida cotidiana

  1. Danay Ramos dijo:

    Bravo Rixtar!!! Me ha encantado el artículo. Lo curioso es que los padres siempre han amado a sus hijos, de modo que no es un problema de amor sino del rol social que por centurias les ha tocado. La paternidad a tiempo completo les aporta a los hombres otra dimensión vital, donde cansarse, rendirse, incluso quejarse no está permitido y claro, el amor por sus hijos entonces, más que grandes es colosal. Un abrazo desde Cuba. Danay

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    • ¡Muchas gracias por tu comentario Danay! Comparto totalmente contigo que el amor de los padres por las hijas e hijos siempre ha estado ahí, pero como ocurre con otro tipo de relaciones, tengo la sensación de que “la presencia” y el cambio en los roles hace que la relación “se consume”…

      Un abrazo inmenso

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  2. pipertxuriak dijo:

    Madre mía Ritxar!!…o mejor dicho, ¡padre mío! Qué hermosa carta, y cuanto me inspira.
    Cuando tome la decisión de ser padre te deberé una buena parte de esa decisión.
    Me gustó mucho verte en Bilbao y nuestra conversación, ahora esto completa aquello que hablamos.
    Conocerte y conocer tu proceso me hace sentir felicidad, y amor.
    Eskerrik asko Ritxar, Zoragarria!
    Juanma

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  3. Me encantó, felicidades Ritxar, besotes desde Costa Rica

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  4. David Lozano dijo:

    Leer estas letras a primera hora de la mañana supone un plus para empezar el día de la mejor manera posible. Me satisface leerte y sentirte, compartir y entenderte. En ese trabajo diario también me encuentro inmerso, con mis dudas y sensaciones, unas positivas y otras negativas. Lo dicho, ánimo, que el camino es largo…. y satisfactorio, no lo olvidemos.
    Un abrazo, compañero

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