Los hombres y la vida, los hombres y la muerte

Monumento a las víctimas del 11M. Atocha

Os invito a leer esta entrada escuchando esta canción: Adagio de Albinoni que es la que se me venía a la memoria mientras esta tarde visitaba el Memorial a las víctimas de los atentados de Madrid en la estación de Atocha. Hoy no había nadie en la sala, y el estremecimiento ha sido mayor que en otras ocasiones.

Llevo unos días dándole vueltas a la relación tan extraña que tenemos los hombres y la violencia. Y no me refiero a todos los hombre, sino a la influencia que tiene en nuestra identidad cómo hemos sido socializados en la legitimación de la violencia, y que pervive con demasiado éxito.  Os voy a poner un ejemplo bruto y crudo. Mientras viajaba de Madrid a Gasteiz en el tren he leído esta noticia. ¿Qué mecanismo hace posible que tantas y tantas veces seamos los hombres los protagonistas de situaciones como esta? ¿Qué terrible ingeniería social, simbólica, pedagógica o emocional puede estar detrás de todo esto? ¿Por qué seguimos sin ver la sofisticada construcción de género que nos hace estar a los hombres tan ligados a las múltiples cara de la violencia? Este es un caso extremo, de acuerdo, pero lo que me ronda por la cabeza es otra cosa.

Y voy a nombrar el tabú: la semana pasada se suicidó un hombre al que conocía por su implicación en la lucha contra la violencia machista y por su compromiso personal en la implicación de los varones en la lucha por la igualdad. No pretendo ni juzgar, ni entender, pero en estos días no dejo de darle vueltas al hecho de que entre las personas que deciden quitarse la vida, la inmensa mayoría seamos hombres, y cuando es alguien que conoces quien decide apearse de la vida de esta forma tan radical, la reflexión ya no parte de analizar estadísticas, sino del impacto vital que te produce. No puedo evitar pensar, que incluso cuando estamos tan desesperados como para tomar una decisión de tamaña envergadura, nos sigue costando horrores pedir ayuda, nos negamos a que nos cuiden y una vez más optamos por una forma violenta de enfrentarnos a la vida, aunque sea contra nosotros mismos y a través de algo tan irreversible como la propia muerte.

Os propongo otra canción, porque no me quiero ir a la cama con este sabor de boca.

Como no ¡Imagine!

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