La (no) tan obvia pauta de empezar por el principio

La paternidad positiva se erige como una importante forma preventiva para la erradicación de la violencia machista

Ritxar Bacete con una de sus hijas.

Estaba empezando este texto cuando Luz Sánchez-Mellado me avisó por correo electrónico de que había un dato que cambiar en su artículo Nosotras mismas. Ya no eran 39, sino 40. Ayer, 24 de noviembre, un hombre de 29 años degollaba a su novia, de 26, en el número 28 de la calle de Barcelona, a la altura de la estación de Cercanías de La Serna-Fuenlabrada.

Publicamos las edades, la hora a la que ocurrió y a la que se descubrió el cadáver, los números de las casas donde sucede, la cifra a la que asciende el conteo de mujeres asesinadas. A veces los nombres completos, a veces iniciales. Detrás de ese esqueleto informativo queda el vacío de una vida como la de cualquiera: la mía, la tuya, la de ellas. Nunca (o casi nunca) sabemos si se levantaban temprano, si iban al cine o si tenían planes para el puente de diciembre, si les dolían las rodillas, si dejaron algún par de zapatos por estrenar o algún libro a la mitad. Continuan las vidas de los que se asoman a ese hueco, personas que no se sorprenden, que incluso lo esperaban o que no entienden cómo pudo pasar. La suma sigue, cada año.

Manifestación contra la violencia machista en 2009, en Valencia.
Manifestación contra la violencia machista en 2009, en Valencia. Jesús Císcar

Nos manifestamos, exigimos leyes —y a veces llegan—, exigimos mejoras en esas leyes —y parece que también llegarán—, educamos a los que nos rodean —amigos, hijos, compañeros de trabajo, padres, vecinos, el pescadero del súper, abuelos—, sufrimos, nos indignamos, luchamos. Y algo sigue fallando. Tal vez, en parte, sea el principio.

Ritxar Bacete es un antropólogo experto en igualdad de género y coordinador en España de Promundo (una ONG internacional que trabaja por la justicia de género y la prevención de la violencia mediante la participación de hombres y niños en asociación con mujeres y niñas). Está en casa a media mañana de un jueves, una de sus hijas tiene fiebre y se ha quedado con ella. Este gesto, poco común, es uno de los reflejos de la lucha que Bacete lidera, la paternidad positiva: la participación de los hombres en el cuidado de los hijos, con equidad y sin violencia.

Desde el primer instante

Lo que parece una obviedad en muchos otros ámbitos, empezar por el principio, no lo es tanto en la crianza de los hijos: educar desde el minuto 0, contribuir al empoderamiento de la mujer con un reparto equitativo (real) de las tareas y convertirse en ejemplo y modelo para los hijos. Apunta Bacete que todos los estudios, entre ellos el último de MenCare, ponen en evidencia que el mejor momento de cambio para los hombres es un momento de crisis: “No vamos a renunciar a nuestros privilegios así como así, hay que aprovechar cuando somos más vulnerables”. Ese momento es el de la entrada a la paternidad. “Ahí se juega la principal batalla, consolidar el cambio e implicarnos en un proceso de igualdad negociada con nuestras parejas”.

El cuidado y el apego del padre supone una educación más igualitaria, un mayor desarrollo en la empatía y una mejora de las capacidades sociales de los niños.
El cuidado y el apego del padre supone una educación más igualitaria, un mayor desarrollo en la empatía y una mejora de las capacidades sociales de los niños. Getty

El modelo de referencia que se crea entonces es el de una relación de equilibrio entre él y ella, de plena igualdad: “Las hijas de padres que han estado presentes buscan más parejas igualitarias y tienen una menor tolerancia a relaciones de control y violencia. Y los hijos de esos padres son más pacíficos y tienden a ser más igualitarios”. Para crear ese germen, más allá de la narrativa —que lo inunda todo— es necesaria la acción. Bacete explica que, en el País Vasco, durante una investigación con parejas heterosexuales, los datos sobre cómo se posicionaban ellos y ellas frente a la igualdad eran muy altos, un 8,4 en ellos y un 8,5 en ellas. “Sin embargo cuando les preguntabas quién trabajaba a tiempo completo y quién se quedaba en casa con los hijos, la cosa cambiaba. El 90% de ellos y algo más del 40% de ellas”.

Son datos que no rompen el ciclo de desigualdad y violencia y, para hacerlo, hace falta una transformación profunda, cultural y social, en cuanto a la relación de los hombres con el trabajo. “Estamos hablando de un cambio de valores y de actitudes que, no solo va a transformar a la criatura, sino al padre. Esta relación de apego segura basada en el respeto, la escucha y la no violencia, desarrolla mucho mejor la empatía y las capacidades expresivas, sobre todo en los hombres”.

Cuando se es padre de una niña

No es lo mismo tener una hija que un hijo. Él nacerá con los privilegios que la sociedad de hoy todavía le reconoce por ciencia infusa. Ella crecerá teniendo que doblar la lucha para cualquier cosa. “Muchos hombres no se plantean relaciones diferentes con sus parejas, hasta que son padres de una niña. No es lo mismo que tú sepas que te has beneficiado del trabajo de madres, abuelas, hermanas… a tener una niña y pensar que va a ser sometida, maltratada, menospreciada”, argumenta el antropólogo.

“La paternidad positiva como factor transformador no es solo a nivel cognitivo, sino psicológico, de vivencia y de la construcción de cuerpos, en el de los hijos, cuerpos para la paz”, Bacete insiste en que al final, lo que se educan son cuerpos y mentes, y no pueden disociarse. “En la convivencia coherente de los padres y de las madres es donde podemos hacer el trabajo más profundo”.

Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, con su hijo. ampliar foto
Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, con su hijo. AFP

Recuerda Bacete las palabras de Celia Amorós cuando hablaba de los grupos privilegiados y la imposibilidad de que hagan suyas las reivindicaciones de los oprimidos, y recuerda la convención de Seneca Falls, en Estados Unidos, la primera sobre los derechos de la mujer: “La equidad de género nunca será posible sin los hombres, y sin equidad será imposible erradicar la violencia. Y lo necesitamos, necesitamos acabar con ella”. Para eso es necesario un primer paso, el que todos y cada uno de los hombres podrían dar hoy: “En 30 años podríamos estar viviendo cambios muy profundos”.

No cree en los milagros, pero sí en la capacidad para asumir que los hombres están cargados de contradicciones, de luces y sombras que es necesario asumir y que desde ahí, se debe construir una identidad igualitaria. “Cuanto más practicas, con cada pequeño gesto, es más fácil, se hace más habitual. Me gustaría que dentro de diez años nos mirásemos al espejo y nos devolviese una imagen desconectada de la violencia, más deseable”. Y Bacete añade que esto es tanto más expansivo cuantos más hombres de las élites políticas, económicas y culturales se sumen a ello: “Es contagioso, y estoy convencido de que está al caer, ahí está por ejemplo el primer ministro canadiense, Justin Trudeau. La masculinidad hegemónica tóxica tradicional se siente amenazada, está en cuestión el hombre poderoso y violento porque ya somos muchos contrahegemónicos”.

Medidas de acción

Son necesarios desde los pequeños gestos cotidianos en el hogar, hasta las grandes medidas y acuerdos pactados en despachos. Bacete apunta a permisos de maternidad y paternidad igualitarios, ejecución presupuestario para ello, y recursos públicos para cambiar la cultura del trabajo: “Racionalización de los horarios en las escuelas y los centros de trabajo, y establecer medidas de acción positiva para garantizar la presencia de hombres en los espacios de cuidados”.

En el ámbito de la globalidad de las relaciones de género, el antropólogo cree que las políticas son erróneas: “Son dirigidas a las mujeres y vosotras ya habéis hecho un esfuerzo enorme, falta la incorporación de la perspectiva de género de los hombres a la igualdad. Poner encima de la mesa el cambio en los hombres. Y sobre todo cuando hablamos de violencia contra las mujeres, el problema de mujeres es de las masculinidades tóxicas. Habrá que trascender ese minuto de silencio hacia planes y acciones sociales y políticas”.

Está convencido de que tiene que llegar, y llegará, ese momento en el que se mire mal en el trabajo a aquel hombre que acaba de ser padre y no se coge el permiso. Ese será el futuro, el de unas nuevas identidades masculinas más completas. Ahora es tiempo de propagar esa conciencia, de ser barcos de arrastre.

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Elecciones en EEUU: Gary Barker: “Pensábamos que estábamos ganando, pero es hora de volver al trabajo, la lucha por la igualdad debe continuar”

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Quiero compartir la reflexión que nos ha enviado mi colega Gary Barker sobre la victoria de Trump en las elecciones en los Estados Unidos. Tal vez pecamos de optimismo, y nos excedimos en las luchas intestinas, idealismos estériles, desconfianzas, sectarismos…Tal vez nos hemos equivocado demasiado. Ahora toca reconstruir, recomponer, escuchar, hacer, compartir, desde la mirada amplia y el corazón vestido de humildad. La igualdad, es más necesaria que nunca, todas y todos somos necesarios para hacer frente a un futuro mucho más gris de lo que pensábamos.

Seguimos y seguiremos, Yes we can!

As I walked out of my house this morning I wanted to apologize to the 10-year-old girl walking past me on her way to the bus stop. I didn’t want to apologize for the man, Donald Trump. I wanted to apologize for the 49% of voters who voted for Trump’s message of hate, of racism, of xenophobia, of homophobia, of American exceptionalism, and of misogyny. I wanted to apologize for how few women leaders, how few African American leaders, how few voices representing the diversity of this country and representing our deep historical roots of social justice were even on this this year’s roster of candidates.
As father of a daughter currently in a progressive university and focusing her studies on critiquing the media and cultural forces that create and reinforce misogyny and homophobia and xenophobia, I feel deeply ashamed at what this country has voted for. As husband of an immigrant, from Brazil, who just saw her country’s first woman president impeached and replaced by an all-white, all men government (some of whose members quickly praised Trump’s election as a model for Brazil), I feel deeply ashamed at what this country has voted for. And I feel deeply worried for all who are recent immigrants to this country for the rising and now unrestrained voices of xenophobia.
As an activist voice for Promundo and our cause of gender and social justice, and as a man committed to our cause of ending toxic masculinities and including men and boys in the feminist cause of equality, I feel deeply ashamed at what this country has voted for.
And yet.
Once we have gotten over being ashamed, it is time to get back to work. Perhaps we were thinking too optimistically. We wanted to believe that our cause of social, racial and gender justice was winning the hearts and minds in this country (and elsewhere). Just as we wanted to believe that Colombia’s decades-long conflict could be ended with the Colombian populace voting for a peace treaty, or we wanted to believe that Britain’s rising xenophobia and isolationist fear could be squelched by a vote against Brexit, or that reason and progressive voices would prevail in Brazil. We hoped change and social justice would be easier. We hoped we were winning.
Today we woke up and realized how much work we (still) have to do. The progressive causes of the 1960s and 1970s, the recent gains in women’s rights in international treaties, the steady march toward a rule of law and a human rights agenda in the world led us to believe at times that we were winning. But it is clear that such struggles are far from over. And for those of us who believe that patriarchy and toxic masculinities are part of the problem – and were inclined to think that they might have been in retreat – we have woken up to a day that slaps us in the face and says: Our work is far from over.
I look at the faces at my Promundo colleagues and realize how fatigued and exasperated we are all by how much we have done, and a realization of just how much there still is to do.
And so this message is to all of you – staff, colleagues, partners, fellow voices in the cause for gender equality, my wife and my daughter. Our work has never been more important and more relevant to the world. What all of you do every day matters and matters more today than it ever has.
I am deeply ashamed and saddened and angry to see that our country has elected a Misogynist-in-Chief. For our part as Promundo, for women and girls here and around the world, for ourselves, for men who say that Mr. Trump does not speak for us and what we believe in: the cause must and will continue.

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Educar y crecer en familia. Entrevista a Ritxar Bacete: Hombres por la igualdad en la crianza y educación

Entrevista realizada por Etxadi para Educar y crecer en Familia del Ayuntamiento de Bilbao.Mila esker!

Fotografía de Ritxar Bacete González

1. ¿Qué papel considera que juega en la actualidad la figura del padre en un entorno familiar?

La figura del padre en el entorno familiar está viviendo un cambio espectacular, siendo una de las mayores transformaciones sociales que hemos podido analizar. Lo que está ocurriendo fundamentalmente, es que la sociedad ha cambiado, las expectativas de las mujeres han cambiado, la economía se ha transformado y los roles de los hombres están en crisis. Como padres, tenemos que hacer una redefinición positiva, no nos podíamos quedar atrás de estos cambios. Es más, muchos de nosotros ya hemos tomado conciencia y hemos empezado a transformar nuestras vidas personales, pero también a formar parte de un movimiento global de hombres que nos estamos transformando a través de la oportunidad que nos brinda esta crisis de la masculinidad a través de la experiencia de la paternidad, vivida de forma consciente, activa y comprometida.

Podemos decir, que los cambios de la figura del padre en el entorno familiar no son un hecho aislado. Estamos ante un fenómeno global que se está produciendo a nivel planetario y que afecta a todos los padres y madres del mundo. Se está gestando un cambio de paradigma que afecta de una forma muy especial a los hombres, que ha venido para quedarse y que demanda a cada uno de nosotros como hombres y padres, un cambio hacia actitudes y prácticas diferentes, en las que nuestra relación con los cuidados sean el núcleo a partir del cual se cimente nuestra identidad.

Además, todo esto tiene un componente político y social, más allá de las opciones personales de cada hombre. Las distintas investigaciones confirman reiteradamente que a medida en que los hombres son más responsables del cuidado de las demás personas y de sí mismos, sus entornos se transforman de forma positiva. Uno de los resultados más innovadores es la constatación de que la participación del padre en la crianza afecta a los hijos e hijas tanto como la participación de la madre. Autores como Michael Lamb sostienen que la intervención de los padres se ha relacionado con un aumento del desarrollo cognoscitivo y del rendimiento académico, una mejor salud mental de los niños y las niñas, así como con tasas de delincuencia más bajas entre los hijos varones. Estudios realizados en múltiples países han demostrado que la interacción de los papás es importante para que sus hijos e hijas adquieran empatía y aptitudes sociales.

No es casual que en el año 2015 se presentara por primera vez en la sede de Naciones Unidas de Nueva York, de la mano de ONU Mujeres, el primer informe sobre el Estado de la Paternidad en el Mundo, al mismo tiempo que están surgiendo grupos de padres preocupados por la igualdad, los cuidados y la crianza en todos los puntos de nuestro planeta, sobre todo a través de las redes sociales.

2. En recientes publicaciones que has realizado, te refieres al término “Paternidades Positivas” ¿Qué habría detrás de ese término? ¿Qué son las Paternidades Positivas?

La Paternidad Positiva es un concepto novedoso que aglutina elementos de la parentalidad positiva, la crianza con apego seguro y una perspectiva igualitaria a través de las teorías feministas o de género.

Tal y como la hemos definido, la Paternidad Positiva se refiere la transformación de la identidad de los padres (varones) como cuidadores, lo que supone cambios importantes en el comportamiento a través la implicación activa en la crianza, todo ello fundamentado en el interés superior de las niñas y los niños, las relaciones equitativas y justas con las parejas y el desarrollo de las competencias y capacidades humanas de los propios hombres.

Los padres “positivos” son aquellos que se implican activamente en los cuidados y trabajos reproductivos, desempeñando roles y prácticas igualitarias y facilitando el empoderamiento y el desarrollo óptimo de sus parejas.

Son prácticas de paternidad que desarrollan y amplían las capacidades emocionales y pedagógicas de quienes las ejercen, basadas en paradigmas pacíficos y de deslegitimación de la violencia a todos los niveles.

Se trata de propuestas, prácticas y paradigmas de paternidad contra-hegemónicas, que al mismo tiempo que ofrecen reconocimiento y orientación a las criaturas, transforman la identidad de los propios hombres.

Ser un padre positivo es ser el padre que nuestra sociedad necesita para el Siglo XXI. Es el padre que deseamos ver cuando nos miramos al espejo, es aquel que recoge los aprendizajes del padre que tuvimos nosotros mismos, que transforma lo que no le sirvió y que honra y reconoce aquello que le aportó su padre.

Un padre positivo es aquel que está presente en el día a día de la crianza, que se empodera en los cuidados (no delega su parte ni se escaquea), que se reconoce imperfecto, que se forma y aprende constantemente para ser un mejor padre. El padre positivo genera relaciones justas con su pareja, resuelve los conflictos de forma pacífica, escucha, está dispuesto a renunciar a sus privilegios como hombre,  está atento a sus emociones, prioriza a la familia por encima del trabajo, negocia sus tiempos personales y de ocio de forma equilibrada…En definitiva, es un padre en construcción, para una obra maestra que no tiene fin: ser un buen padre.

Y por si no fuera poco, la paternidad positiva hace a los hombres más felices y sanos. Los padres que se apegan de forma más positiva a sus hijos e hijas afirman que esta relación es una de las razones más importantes de su bienestar y felicidad. Algunos estudios señalan que los padres que tienen una relación estrecha y sin violencia con sus hijos e hijas viven más, padecen menos problemas de salud mental o física, tienen menos tendencia a abusar de las drogas, son más productivos en sus trabajos y dicen sentirse más felices que los padres que no dicen tener este tipo de relación con sus hijos e hijas.

3. ¿Qué relación habría entonces entre las distintas formas de ejercer la paternidad y las masculinidades?

La paternidad y la masculinidad están profundamente interrelacionadas: el modelo de paternidad y los valores asociados a “ser padre”, definen los referentes de la masculinidad, el debe ser, lo deseado; y el ideal de masculinidad, condiciona las prácticas y ejercicios de la paternidad. Por lo tanto, la transformación en una de ellas, afecta irremediablemente a la otra. Es por ello que somos muy optimistas sobre la capacidad transformadora que la paternidad puede tener en nuestras sociedades, ya que ejerciéndola de una forma alternativa, cuidadora, pacífica y empática, esos valores se trasladan automáticamente también al modelo de masculinidad imperante.

Si en décadas pasadas, el modelo deseado de masculinidad era un hombre duro, desapegado, agresivo o triunfador, el modelo de padre de esa sociedad ni podía ni debía ser un padre positivo. Pero por el contrario, hoy en día la práctica cotidiana de muchos padres comprometidos con el cuidado y la crianza, están poniendo en cuestión ese modelo, hasta tal punto que lo deseable empieza a ser aquel hombre “blando” o imperfecto, que tal vez no triunfe, ni vuelque su vida únicamente en su carrera profesional, pero que es capaz de hacer algo mucho más importante, heroico y duradero, como generar una relación de apego seguro con sus hijas e hijos.

Creo que hay que reconocer y destacar que a participación de las mujeres en la transformación de los hombres es fundamental. El empoderamiento de las mujeres es el factor clave de transformación en los hombres, del mismo modo que, los cambios en los hombres hacia posiciones y prácticas más igualitarias, inciden muy positivamente tanto en la vida de las mujeres y su empoderamiento, como de las niñas y los niños.

Una de las claves para entender la resistencias que tenemos los hombres al cambio hacia posiciones y prácticas más igualitarias, pasa porque necesariamente supone perder los privilegios con los que hemos nacido respecto a las mujeres, por el mero hecho de ser hombres. Estos privilegios son patentes en la despreocupación que tenemos respecto a los cuidados en general y de las demás personas en particular, en que lo masculino tiene un valor social mayor que lo femenino, en que recibimos más cuidados de los que aportamos, en la percepción subjetiva que tenemos de seguridad, poder y dominio, etcétera. Si a esto le sumamos los complejos procesos psicológicos que conlleva cualquier transformación profunda, podemos entender mejor las complejidades y dificultades de lograr cambios significativos en los hombres. Es por ello, que la paternidad se ha convertido en un terreno privilegiado, y tal vez el más propicio y fértil para que esa transformación se materialice. Es la experiencia de amor más profunda y conmovedora y estable que viven los hombres, por lo que es una oportunidad única para a través de la relación emocional con las criaturas y la presencia activa en la crianza y los cuidados, generar cambios duraderos en las identidades de los hombres, como seres cuidadores y empáticos.

Desde esta experiencia de paternidad igualitaria, comprometida y cuidadora, mejoran las relaciones de pareja y la satisfacción de las mujeres, se produce un desarrollo probado de las inteligencias múltiples en las criaturas, e incluso mejora la autoestima y el auto-cuidado de los propios hombres. De este modo, a través de la responsabilidad del padre en los cuidados, se transforman las relaciones de género, y por tanto, se cambia el mundo en el que vivimos.

4. ¿Cómo impactan las acciones de las personas adultas implicadas en los procesos de crianza en la educación de sus hijos e hijas? ¿Tendría la figura del padre un impacto específico?

La paternidad y la maternidad, y cómo la ejercemos son los espejos fundamentales en los que se miran nuestras hijas y nuestros hijos. Tenemos que tener en cuenta que tanto las niñas como los niños construyen su identidad personal a través de los modelos de referencia que tienen más próximos, y que tanto la presencia como la ausencia paterna tienen un impacto extraordinario en sus vidas. Con lo que hacemos, más que con lo que decimos, es como estamos transmitiendo los valores, que en el futuro, serán la materia prima con la que las nuevas generaciones de mujeres y hombres construirán sus relaciones. Por lo tanto, si somos padres pacíficos y cuidadores, nuestros hijos varones también lo serán, con la ventaja de que nuestras hijas, vivirán de forma más libre y estarán más empoderadas y seguras, al tener una expectativa de relación con hombres no violentos e independientes emocionalmente.

Cada vez contamos con una mayor evidencia científica, que viene a ratificar como la paternidad es un momento especialmente sensible para la transmisión de valores a las hijas e hijos y que la forma de ejercerla impacta de una forma decisiva y permanente tanto en las niñas como en los niños, así como en el conjunto del sistema familiar.

Hemos de tener en cuenta que el proceso de aprendizaje es muy complejo, pero que tiene una base neurológica donde la imitación de comportamientos y acciones de las personas fundamentales de referencia, son claves. Nuestras hijas e hijos no aprenden a construir su identidad personal y su rol social por aquello que les contamos, sino por lo que hacemos. En este sentido, tenemos que prestar atención a las disonancias cognitivas que pueden producir las contradicciones de las personas adultas. Suele ser muy común que en nuestra narrativa moral, insistamos frente a las criaturas en los valores de la igualdad, al mismo tiempo que podemos seguir reproduciendo roles sexistas dentro de la pareja. Y tal vez sea ese uno de los retos más importantes que tenemos como educadores: acortar la brecha entre las contradicciones que se pueden dar entre la práctica y los discursos, entre lo que decimos y hacemos.

5. Qué medidas institucionales a nivel social, laboral, educativo…se podrían tomar para facilitar o apoyar el cumplimiento óptimo de esas funciones de crianza y educación

Para poder criar, educar o acompañar a nuestras criaturas con unos estándares de calidad adecuados necesitamos disponer fundamentalmente de tiempo, y nuestro sistema productivo o la organización del sistema educativo es son cronófagos, no están armonizados y la conciliación a día de hoy es un concepto que en la práctica supone estrés para las familias y en muchas ocasiones una profunda insatisfacción personal, por no ser capaces de disponer del tiempo de calidad necesario para acompañar como merecen y necesitan a nuestras hijas e hijos.

Uno de los elementos clave serían los permisos de paternidad y maternidad, que deberían ser iguales e intransferibles en al menos los 4 primeros meses y que deberían abarcar el primer año de vida de las criaturas. No hace falta ser especialista para entender que 4 meses no son suficientes para generar el vínculo que necesita un bebé, y que la institucionalización a esa edad es un fracaso colectivo. No hay que olvidar que vivimos en una de las sociedades con menores tasas de nacimiento del mundo: que una sociedad no sea capaz de reproducirse a sí misma no es baladí, y está estrechamente relacionado con que nuestro sistema funciona al margen de aquello que puede garantizar que se produzca una crianza con apego seguro y una educación integral y participada.

Adoptar medidas concretas como la racionalización y flexibilización de los horarios, el cambio en la cultura del trabajo o la ampliación de los permisos parentales, son medidas concretas que podrían ayudar, y mucho, al cumplimiento óptimo de las funciones propias de la crianza. Pero lo que realmente necesitaríamos en hacer un giro y un cambio de rumbo, haciendo extensivas las propuestas de la economía feminista, impulsando políticas integrales que pongan la vida y los cuidados en el centro, ya que sin cuidados no hay vida, y si no se priorizan desde la política y las instituciones, no será posible que lleguemos a generar un sistema donde la socialización y la acogida a las niñas y niños sea armoniosa.

6. Probablemente en la CAPV ya se estén realizando actividades, programas y/o iniciativas para promover la importancia de la sensibilización hacia la crianza de los adultos implicados por igual ¿Cuáles son los más significativos?

Hemos de tener en cuenta que uno de los principales factores de tensión y que más conflictos generan en los sistemas familiares son las relaciones de desigualdad que se producen dentro de los mismos, fundamentalmente por la desigual implicación de los varones. Y ello en sí mismo, es un factor limitante del desarrollo humano de nuestra sociedad.

Las instituciones vascas, conscientes de los cambios que necesitamos impulsar y las ventajas que la implicación de los hombres en los cuidados pueden producir, han empezado a impulsar acciones y programas específicos. Emakunde, a través del programa Gizonduz, puso en marcha hace algunos años una interesante iniciativa a través de la cual se entregaban una mochilas con materiales educativos y de sensibilización a través de las matronas a los hombres que iban a ser padres. Recogiendo esa idea de promover la igualdad en las relaciones familiares y en la crianza a través del cambio en los padres, la Dirección de Política Familiar y Desarrollo Comunitario del Departamento de Empleo y Asuntos Sociales del Gobierno Vasco, realizaron una investigación que tuve la oportunidad de coordinar, para conocer precisamente el estado de la cuestión. De forma paralela, se organizaron una jornadas sobre “Paternidades que transforman”, para poner sobre la mesa reflexiones y experiencias de trabajo que pudieran ayudar a diseñar una estrategia específica de intervención con padres. Pero en el momento actual no se ha puesto en marcha una estrategia coordinada y permanente que nos permita avanzar en ese sentido.

El Módulo Psicosocial de Deusto ha puesto en marcha una interesante inciativa apoyada por la Diputación de Bizkaia y Emakunde, “Aitalaguna”, que es un espacio para sensibilizar y apoyar a los hombres en su camino hacia el cambio personal y colectivo.

7. ¿Qué ventajas tendría la Paternidad Positiva? ¿Podría ser un elemento de prevención de la violencia machista y la que se ejerce contra las niñas y los niños en el entorno familiar?

Se ha confirmado mediante distintas investigaciones que determinadas formas de violencia, en particular la violencia perpetrada por los hombres contra sus parejas, a menudo se transmiten de generación en generación. Los datos obtenidos en ocho países revelaron que los hombres que de niños vieron a la pareja de su madre pegarle, de adultos tenían de dos a dos y media veces más probabilidades de usar la violencia contra su pareja. Mientras que una división más equitativa de los cuidados está asociada con una reducción en los índices de violencia contra los hijos e hijas. Por ejemplo, en un estudio representativo del país llevado a cabo en Noruega encontró que las tasas de violencia perpetrada por las madres y los padres son mas bajas en los hogares donde los cuidados proporcionados por ambos eran más similares.

Uno de los elementos clave en la construcción de las identidades masculinas sigue siendo la disminución de la empatía y la distancia emocional como uno de los rasgos fundamentales del ser hombre. Por otro lado, se sigue perpetuando la idea de que el poder es cosa de hombres, y que la violencia puede estar legitimada para mantener los privilegios, tanto en la esfera pública como en la privada. Es por ello que, las distintas violencias masculinas y en especial, la violencia contra las mujeres es la consecuencia directa de una determinada concepción de la masculinidad. Por tanto, transformar esta idea de ser hombre, rígida y violenta, a través de paternidades y prácticas tiernas, pacífica, empáticas y cuidadoras, son un elemento fundamental para la prevención de la violencia contra las mujeres.

La masculinidad es aquello que hemos aprendido a ser los hombres, en el complejo, único y fascinante proceso de socialización que nos ha tocado vivir y a través del cual, tanto hombres como mujeres construimos nuestra identidad personal. De este modo, interiorizamos sin darnos cuenta los valores y actitudes propias de los modelos de masculinidad. Así, la cultura se convierte en biología y llevamos los roles adheridos a la piel, a las emociones y a los complejos procesos neurológicos que conforman los rasgos esenciales de la identidad personal. Por ello, no podemos desprendernos de lo que hemos llegado a ser, sea una masculinidad justa igualitaria o limitante, tóxica, sexista o “mal entendida”, como si de un traje se tratara. La liberación de los hombres (y de las mujeres), pasa necesariamente por un proceso de revisión crítica de aquellos rasgos sexistas que llevamos impresos y de un trabajo personal lo suficientemente profundo y constante como para generar cambios permanentes, en nosotros mismos y en nuestro entorno.

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Paternidades positivas: Cambios y retos en la implicación de los padres en la crianza y la corresponsabilidad. Resultados de la investigación

Comparto los resultados de la investigación sobre la implicación de los padres (varones) en la crianza y los trabajos reproductivos, que realicé y coordiné, para la Dirección de Política Familiar y Desarrollo Comunitario del Departamento de Empleo y Políticas sociales,  junto a la investigadora Leire Gartzia de la Universidad de Deusto: “Paternidades positivas: Cambios y retos en la implicación de los padres en la crianza y la corresponsabilidad”

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Con esta investigación hemos dado un pequeño paso para conocer mejor el estado de la cuestión sobre la implicación de los padres en la crianza, y sobre todo, documentar desde la evidencia científica, los espacios a transformar y las estrategias y posibilidades a seguir,  para continuar profundizando en el camino de la igualdad real de hombres y mujeres.

La principal conclusión que podemos extraer de esta investigación es que hemos recorrido un gran camino tanto los hombres como las mujeres, sobre todo en el ámbito simbólico, en las narrativas, autopercepciones e identidades personales en relación a la igualdad, pero también,  que nos queda un gran trecho para conseguir la igualdad efectiva. Podemos afirmar, que hoy en día, los varones que somos padres, estamos mucho más implicados en la crianza de nuestras criaturas que lo que estuvo nuestro padre con nosotros. Pero la paradoja con la que tenemos que convivir es que a pesar de que nos consideramos altamente igualitarios y justos en nuestras relaciones familiares y de pareja, aquello que hacemos realmente, nuestros usos del tiempo y especialmente nuestra relación con el mundo del trabajo, se sigue pareciendo bastante a la de nuestros padres. Todo esto viene a suponer una ficultad añadida a seguir avanzando en la igualdad, ya que se produce una clara disonancia entre lo que decimos y lo que hacemos y sentimos.

Esperamos de todo corazón, que esta investigación sea útil.

Un abrazo

 

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Ritxar Bacete: “A paternidade é capaz de transformar a sociedade”

Gabriele Duarte, Diario Catarinense

Ritxar Bacete: "A paternidade é capaz de transformar a sociedade" Ritxar Bacete/Arquivo Pessoal
Especialista em igualdade de gênero criou o conceito de paternidade positiva Foto: Ritxar Bacete / Arquivo Pessoal

O antropólogo Ritxar Bacete, do País Basco, é especialista em igualdade de gênero e criador do conceito de paternidade positiva, que defende que os pais se envolvam com a criação dos filhos tanto quanto as mulheres e dividam as tarefas de igual para igual. Ele coordenou o estudo Implicação dos pai bascos com a criança: impacto na corresponsabilidade e no trabalho produtivo.

Dia dos pais: Nova masculinidade é possível a partir da paternidade positiva

Em entrevista ao Diário Catarinense, ele destaca que a paternidade tem capacidade de transformar a sociedade por meio da quebra de paradigmas e que deve acompanhar as evoluções da sociedade. Confira os principais trechos:

Sobre o que é a paternidade positiva?
A paternidade positiva se refere à transformação da identidade dos pais (homens) como cuidadores. Pressupõe mudanças importantes no comportamento por meio da implicação ativa na vida da criança. Os pais “positivos” são aqueles que se comprometem nos cuidados e desempenham funções e práticas igualitárias, facilitando o empoderamento de suas companheiras. Essas práticas desenvolvem e ampliam as capacidades emocionais e pedagógicas deles. Baseiam-se em paradigmas científicos de deslegitimação da violência em todos os níveis. Se trata de propostas que, ao mesmo tempo em que oferecem reconhecimento e orientação, transformam a identidade dos próprios homens. A nossa sociedade precisa de um pai positivo, aquele pai presente no dia a dia da criança, que cuida (não delega sua parte nem escapa dela), que se reconhece imperfeito, que se forma e aprende constantemente para ser um melhor pai. Em suma, é um pai em construção para uma obra que nunca é acabada: ser um bom pai.

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Mulheres catarinenses usam tecnologia para driblar assédio sexual

O que está acontecendo para que surja esse movimento?
A sociedade, as expectativas das mulheres e a economia têm mudado. E os homens, como pais, não podem ficar atrás dessas mudanças. Muitos de nós já tomamos consciência e começamos a transformar as nossas vidas pessoais e a formar parte de um movimento global de homens que estamos transformando através da experiência da paternidade, vivida de forma consciente, ativa e comprometida. Não foi mera casualidade que em 2015 se apresentou pela primeira vez na sede das Nações Unidas em Nova Iorque, por meio da ONU Mulheres, o primeiro informe sobre o Estado da Paternidade no Mundo. Ao mesmo tempo, estão surgindo grupos de pais preocupados com a igualdade, os cuidados e a criança em todos os cantos de nosso planeta, sobretudo por meio das redes sociais.

A paternidade afeta a masculinidade?
A paternidade e a masculinidade estão profundamente correlacionadas: o modelo de paternidade e os valores associados ao “ser pai” definem os referentes à masculinidade, o deve ser, o desejado; e o ideal de masculinidade condiciona as práticas e exercícios da paternidade. Portanto, a transformação em uma delas afeta irremediavelmente a outra. É por isso que somos muito otimistas sobre a capacidade transformadora que a paternidade pode ter em nossas sociedades, já que exercendo-a de uma forma alternativa, cuidadora, pacífica e empática, esses valores se trasladam automaticamente ao modelo de masculinidade imperante. Se em décadas passadas o modelo desejado de masculinidade era um homem duro, desapegado, agressivo ou triunfador, o modelo de pai dessa sociedade não poderia nem deveria ser um pai positivo. Mas, hoje em dia, a prática cotidiana de muitos pais comprometidos com o cuidado da criança está colocando em questão esse modelo. Até tal ponto que o desejável começa a ser aquele homem “brando” ou imperfeito, que talvez não triunfe, nem volte a sua vida à carreira profissional, mas que é capaz de fazer algo muito mais importante, heroico e duradouro, como gerar uma relação de apego seguro com seus filhos e filhas.

Alguns pais se dizem despreparados para cuidar dos filhos em comparação às mães. Como se pode mudar essa realidade?
É certo que em nossa cultura ainda seguimos socializando de forma diferente as meninas e os meninos. Educamos os meninos com base na irresponsabilidade e despreocupação a respeito dos cuidados, preparando-os para a dominação, a competitividade e a distância emocional. Ou para o que é ainda mais preocupante: a legitimação da violência em suas distintas manifestações. Como consequência de tudo isso, quando chega o momento de cuidar de outras pessoas os homens se sentem desprovidos das competências necessárias, tanto a nível prático como emocional, ao mesmo tempo em que tampouco sente o dever moral ou a pressão social para aprender e responsabilizar-se. Não devemos esquecer que o cuidado é tecnologia humana. E que se aprende a cuidar. Do mesmo modo que as mulheres aprenderam, também podemos aprender. Soa paradoxal que os homens sejam capazes de programar complexos sistemas informáticos capazes de enviar uma nave ao espaço, mas se mostrem incapazes de arrumar uma lavadora. Mas isso tem a ver com o fato de que em nossas sociedade os cuidados não são valorizados, nem pagos. A boa notícia é que essa realidade pode ser facilmente mudada a partir de gestos concretos, simples e cotidianos: cozinhar, lavar banheiros, participar das agendas escolares, dos assuntos médicos… E como nadar se aprende nadando, cuidar se aprende cuidando. Não há desculpas.

Se pode transmitir os noves valores de paternidade aos filhos? Como?
A forma com que são exercidas a paternidade e a maternidade são espelhos fundamentais em que se olham nossos filhos e filhas. Temos que ter em mente que tanto as meninas quanto os meninos constroem sua identidade pessoal através dos modelos de referência que têm mais próximos, e que tanto a presença como a ausência paterna têm impacto extraordinário em suas vidas. Mais do que com o que dizemos, com o que fazemos é como estamos transmitindo os valores que no futuro serão matéria-prima para as novas gerações de mulheres e homens construírem suas relações. Portanto, se somos pais pacíficos e cuidadores, nossos filhos homens também serão, com a vantagem de que nossas filhas viverão de forma mais livre e estarão mais empoderadas e seguras ao ter uma expectativa de relação com homens não violentos e independentes emocionalmente.

Que relação paternidade e masculinidade têm com a violência machista?
Estudos confirmam que determinadas formas de violência, em particular a violência perpetuada pelos homens contra as suas companheiras, se transmitem de geração a geração. Os dados obtidos em oito países revelaram que os homens que, quando crianças, viram o companheiro de suas mães lhes batendo, quando adultos tiveram mais probabilidade de usar a violência contra a sua companheira. Paralelamente uma divisão mais equitativa dos cuidados está associada a redução dos índices de violência contra filhos e filhos. Um dos elementos chave na construção das identidades masculinas segue sendo a diminuição da empatia e a distância emocional como uma das características fundamentais do “ser homem”. Por outro lado, segue sendo perpetuada a ideia de que o poder é coisa de homens e que a violência pode estar legitimada para manter privilégios, tanto na esfera pública como na privada. É por isso que as distintas formas de violência praticadas pelos homens, em especial a violência contra as mulheres, é a consequência direta de uma determinada concepção da masculinidade. Transformar essa ideia rígida e violenta de ser homem através de paternidades e práticas ternas, pacíficas, empáticas e cuidadoras é um elemento fundamental para a prevenção da violência contra as mulheres.

http://videos.clicrbs.com.br/sc/diariocatarinense/videonews/164770

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#ElTemaDeLaSemana: ¿Qué legado te gustaría dejar?

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Acepto y agradezco el reto de los compañeros de #papasblogueros y Joaquim Montaner y hacer una pequeña reflexión sobre el legado que me gustaría dejar.

El las Jornadas “Paternatges Coresponsables: situació actual i intervencions” organizadas por Conexus, el compañero Gary Barker Director de Promundo, nos contó una historia que me ha hecho reflexionar estos meses sobre la importancia de los cuidados y afectos en la construcción de la memoria del legado que nos dejan, y que algún día también dejaremos a nuestras criaturas.

Gary nos contaba, que en una especie de museo que hay en Bélgica relacionado con la muerte, la mayoría de quienes participaban en un ejercicio propuesto sobre el final de la vida,  elegían conservar en la memoria, de forma privilegiada y en un lugar especial, a aquellas personas que habían sido fundamentales en su vida. El resultado era que éstas eran mayoritariamente las madres y abuelas, o lo que es lo mismo, aquellas que les habían cuidado y provisto de afecto incondicional, presente y seguro.

A pesar de que los hombres, ocupamos infinitamente más espacios que las mujeres en la memoria de los lugares  públicos, dando nombre  a la mayoría de las plazas, calles y estatuas, parece que no somos tan importantes en las memorias íntimas y en los afectos que nos acompañan de forma trascendente y profunda cuando imaginamos el momento de dejar de existir.

Pensando en el legado que me gustaría dejar, sobre todo a Naia y Alain (pero también a las personas que quiero y me acompañan en la vida), es tener el honor de ocupar el espacio que mis abuelas han ocupado en mi vida, repleto de amor e incondicionalidad. Mi querido amigo Miguel Lorente plantea que para ser un buen padre hay que ser madre, por lo que para ser un buen hombre, hay que transitar necesariamente por las feminidades. Se me antoja sugernte pensar, que el reto para dejar un buen legado,  pasa por seguir recorriendo, desde la imperfección y la compasión, el camino hacia la androginia.

Para lograrlo, tal vez tendría que revisar mis ambiciones públicas, mis querencias, más o menos confesables, por ocupar espacios relevantes (en calles y plazas), y elegir a cuáles de estas ensoñaciones impostoras debería renunciar, para poder estar tan presente en las vidas de las demás, como para dejar la huella y el legado que deseo, como un ser más completo, comprometido, sonriente y cuidador: tanto ahora, como cuando me llegue la hora. 😉

#ElTemaDeLaSemana es una iniciativa nacida de los @PapásBlogueros para toda la blogosfera. Queremos saber un poco más de ti, y que sepáis más de cada uno de nosotros. Por eso propondremos un tema semanal sobre el que reflexionar brevemente en nuestros respectivos blogs y compartiéndolo en este carrousel para llegar a todas y todos.
1. Papás Blogueros 3. Familia DivertidOOs 5. mamaymaestraentierradenadie
2. Escondite de Mamá 4. Padre en Estéreo 6. Papacangrejo
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La mujer en la Política, la Economía y la Sociedad ¿Estamos avanzando?

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Las compañeras de ÁGORA Inteligencia Colectiva para la Sostenibilidad me han invitado a tomar parte en una Jornada sobre la participación de las mujeres en la política, la economía y la sociedad. Es un lujo poder compartir espacio de reflexión con Manuela Carmena (si finalmente puede acudir), Helena Ancos, Virginia Carrera, Ángeles Briñón, Patricia Aragón, Elisa de la Nuez, Emilia Sánchez, Anaïs Pérez Figueres, Katharina Miller o Paloma Baena entre otras.

Os paso el programa por si alguien se anima.
Una perspectiva europea y española 23 de Octubre 2015

Oficina Comisión Europea en España, Paseo de la Castellana 46 Madrid

9:30 h.- 9:45 h.
Recepción de participantes
9:45 – 10 h. Inauguración
Sra. Dª Aránzazu Beristain, Directora en funciones de la Representante Oficina Comisión
Europea en España
Helena Ancos, Directora de AGORA.

10:15- 11:30 h. Espacios políticos para la aumentar la visibilidad
Manuela Carmena, Alcadesa de Madrid
Elisa de la Nuez, Fundación ¿Hay Derecho?
Emilia Sánchez, Mas Democracia
Modera: Ana Requena, Micromachismos.

11:30- 12 h. Pausa café.
12 – 13 h. El techo de cristal en los centros del poder económico
Katharina Miller, Zonta Madrid.
Paloma Baena, Jefa Adjunta División de Integridad en el Sector Público, OCDE
Anaïs Pérez Figueres, Directora de Comunicación y Asuntos Públicos, Google España.
Modera: Helena Ancos.

13- 14 h. La diversidad y la conciliación. ¿Aspiraciones o mitos?
Angeles Briñón, Directora de Brizas Audigen.
Virginia Carrera, experta en género en las relaciones laborales, Profesora de la Universidad de
León y Concejala por Ganemos Salamanca.
Ritxar Bacete, Movimiento Hombres por la igualdad. Especialista en Género, Políticas de Igualdad, Masculinidades y Paternidad Positiva.
Modera: Patricia Aragón, Agora.

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